Crónicas de Lasallistas en Casa | Adriana Hernández | Maestría en Fiscal.

27 DE JULIO DE 2020

 

“CRÓNICAS DE LASALLISTAS EN CASA” ES UN ESPACIO EN EL QUE NUESTRA COMUNIDAD ESTUDIANTIL NOS COMPARTE SUS EXPERIENCIAS Y REFLEXIONES EN TORNO A LA SITUACIÓN QUE ENFRENTAMOS ANTE LA PANDEMIA POR COVID 19.
HOY LES COMPARTIMOS EL ESCRITO DE ADRIANA HERNÁNDEZ DE LA MAESTRÍA EN FISCAL.

 

Iniciaba el dos mil veinte y jamás pude imaginar que tiempos difíciles se aproximaban, sabía que un nuevo virus estaba haciendo estragos en algunas partes de Asia pero esta nos quedaba demasiado lejos así que, como cualquier persona, seguí retrasando la idea de sentirme amenazada, pues me sentía ansiosa con mis planes para este retador y determinante dos mil veinte.

Mis seres queridos estaban bien, por otro lado, nuevos retos en el ámbito laboral comenzaban y solo quedaban dos cuatrimestres de posgrado; todo marchaba increíble.

Recuerdo que el último sábado de posgrado presencial, nos encontramos con la incertidumbre de las medidas que se tomarían para enfrentar esta pandemia, nadie estaba preparado; todos nos despedimos con el mismo cariño y cordialidad que existe en el grupo, caminando sobre una realidad que sin nuestro consentimiento comenzaba a prepararse con el cambio. Sin embargo, esa misma noche se hizo de nuestro conocimiento la noticia poco alentadora sobre la suspensión de actividades dentro de la universidad, y a pesar de que, ninguna persona en el país, ni la más alta autoridad estaba preparada para hacer frente esta adversidad, quedaba solo seguir nuestro aprendizaje con los escasos medios que teníamos.

Ingenuos a la situación aterradora que se avecinaba, las actividades laborales siguieron marchando de la misma manera, era época de declaraciones anuales y el gobierno federal se resistió a conceder una prórroga, lo que obligó al sector al que me dedico a seguir trabajando de manera normal hasta que las autoridades sanitarias anunciaron el confinamiento social pues evidentemente la epidemia había llegado a nuestras ciudades.

Para esos días, el cubre bocas y el aislamiento social fueron imprescindibles para la prevención, y pese a eso, las personas abarrotaban los supermercados y farmacias con el fin de poder sobrellevar la cuarentena anunciada. Siempre he procurado mantener la calma, pero no mentiré al decir que no sentí miedo y preocupación por las personas que estimo, pues tenía miedo que el virus llegara a alguna de ellas.

El confinamiento ha durado más de lo esperado y es difícil ver la situación de crisis -en todos los aspectos- por la que estamos pasando; pequeños empresarios cerrando sus negocios, personas que han sido discriminadas o que se han quedado sin empleo, seres queridos y conocidos que no volveremos a tener el gusto de saludar y personas que no tienen el recurso necesario para adquirir lo que es indispensable.

Hoy me siento muy agradecida con el personal de salud que arriesgando su integridad, están todos los días atendiendo los casos de COVID pese al sistema de salud que tenemos en el país; agradecida porque mi familia y personas que quiero se encuentran bien, agradecida porque si bien, mis planes cambiaron de alguna forma, mis metas y principios se mantienen intactos, agradecida -porque en medida de mis posibilidades-, ayudo, y porque tengo certeza de que buenas cosas pasan, y tiempos mejores llegan.